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PS5: Ser o No Ser (Exclusiva)

Exclusivos en la próxima generación. Pertenencias. Toxicidad en la comunidad.

Sin dudas, 2020 será un año para recordar. Para decir de qué “manera”, es temprano. Apenas hemos atravesado la mitad y aún así hubo una cantidad de hechos históricos significativos. Tanto a nivel local como internacional, lo que estamos viviendo puede resultar angustiante para cualquiera. Todavía seguimos viviendo “en pausa”, con una cuarentena que, dependiendo de dónde vivas, no afloja y hasta incluso empeora. Sin embargo, también es cierto que estamos cada vez más cerca del nuevo salto generacional de consolas. Esto puede resultar sumamente anecdótico y hasta una nimiedad frente a lo primero que he expuesto. Y quizás realmente lo sea. No obstante, para quienes jugar videojuegos es una pasión y/o un trabajo, nos sirve para distraernos un poco y estar expectantes y entusiasmades frente a un futuro cada vez más cercano. (Aunque nuestros bolsillos puedan no llegar a soportar los—seguramente—exorbitantes precios).

¿Cómo llegamos al futuro?

Hace una semanas vimos por primera vez el diseño de la próxima consola de Sony, junto a la presentación de varios títulos, tanto exclusivos como multiplataforma. No hubo nuevas novedades en cuanto a procesos, sistemas y servicios, más allá de lo que hemos visto en la conferencia de Mark Cerny hace ya un tiempo. No obstante, argumentaría que tampoco hacía falta. Al menos, por el momento. Seguro, un precio elevado sería desfavorable. Y algunas contras en, por ejemplo, su supuesta retrocompatibilidad con títulos de PlayStation 4 podrían ocasionar una desventaja inicial con respecto a la futura creación de Microsoft. Pero al final del día, lo que ha posicionado a PlayStation por encima de su rival directo tanto en esta generación como en la anterior, por lo menos en lo referente a ventas, han sido probablemente los exclusivos.

No es una cuestión de hardware. Xbox One X, en líneas generales, tiene un mejor conjunto de componentes, lo cual se traduce en una mejor perfomance, observable en cualquier comparativa de títulos multijugadores que miremos en Digital Foundry. Por otro lado, tampoco es un asunto de servicios. Xbox Live y Game Pass son servicios increíblemente superiores a PlayStation Network y Plus. Ni siquiera hablemos de otros aspectos más “finos”. Como la interfaz XMB de PS3 (horrenda y super lenta) o las comparaciones entre joysticks (algo no tan desastroso quizás, pero con cierto reconocimiento al pad de 360). Sin embargo, PS3 vendió más que 360 (apenas un millón) y PS4 es la segunda consola de sobremesa más vendida de la historia (con la cifra obscena de 102.8 millones hasta octubre del año pasado), solo superada por la—hasta ahora—mejor creación de la misma empresa: la PS2 (155 millones).

Spider-Man: Miles Morales (Insomniac Games)

 

¿Por qué sucedió ésto, y por qué podría suceder de nuevo en la siguiente generación? Resumirlo en una cuestión de exclusividad puede resultar en una operación harto reduccionista. Hay que recordar los errores que ha hecho Microsoft con Xbox One, uno de ellos por siempre cristalizados en este mítico momento. También resulta muy relevante las campañas y las decisiones de marketing con que cada empresa ha sabido promocionar sus productos. Además, todo lo que significa “PlayStation” para el imaginario colectivo de cada comunidad hará su parte e inclinará la balanza de un lado o de otro.

¿Es una cuestión de exclusivos?

De todas formas, personalmente considero que los exclusivos y el sentimiento de exclusividad son el factor más relevante en este debate. Primero, porque lo anteriormente dicho acerca del marketing y de los imaginarios colectivos que se van construyendo continuamente tiene un gran impacto y se potencia en cuanto a los exclusivos. Luego, porque es conveniente tener una buena cantidad de títulos exclusivos que te resulten atractivos. Es decir, que te den ganas de comprar X consola y sólo de esta forma puedas jugarlo. Es otro gran motivo para invertir en ella y no, por ejemplo, en una PC que siempre tendrá un rendimiento muy superior. Si revisamos los títulos más vendidos de PS4, encontraremos dos exclusivos en su “Top 10”.

Asimismo, ciertos “pecados” de la crítica contemporánea, como un excesivo énfasis en sistemas como Metacritic, el cual sirve para tener toda reseña compilada en un solo sitio y, a la vez, ser la plataforma que permite hechos bastante nefastos, pueden influenciar mucho en la mirada del consumidor.

Por último, y quizás más importante, los títulos suelen ser, honestamente, excelentes. Por supuesto, todo quedará a gusto de cada usuarie. Y puede no interesarte nada la propuesta de la plataforma de Sony o pensar que muchos de sus títulos “aclamados” no son la gran cosa. Pero para quien esté interesado, PS4 ha sabido tener un listado de exclusividades permanentes y temporales bastante robusto. Uncharted 4, Horizon: Zero Dawn, Bloodborne, God of War, Death Stranding. El reciente The Last of Us Part II, la posibilidad de jugar toda la saga Yakuza o Kingdom Hearts, etc. Con PS3 también han construido un importante catálogo alrededor de los años. Solo que la diferencia en cuanto a cantidad de títulos con respecto a Xbox 360 no ha sido tan dispar como en la generación actual.

Es por todas estas razones que PS5 pareciera tener un futuro prometedor con solo haber mostrado un par de exclusivos en su última presentación. Mientras que Xbox Series X parece haberse quedado un poco atrás en el asunto. (Aunque no hay que olvidar las compras de estudios que hizo Microsoft. ¿Dónde están esos juegos? Nadie lo sabe, pero esperemos que aparezcan sorpresas).

Podría concluir aquí el artículo y dar por finalizada mi exposición. Sin embargo, me gustaría ir un paso más allá en el tópico. Jugar un poco con unas ideas que navegan por mi mente. Vale aclarar que dichas ideas no aplicarían a cualquier sujeto, sino a quienes se consideran “fans acérrimos” de solo una de las compañías. Si jugás sin darle mucha importancia a la plataforma/marca, lo siguiente no es para vos. Habiendo hecho la aclaración anterior, se me ocurre preguntar: ¿Acaso habrá otros factores no tan “evidentes” que influyen en el valor de “lo exclusivo”? ¿Se formarán fenómenos psicológicos alrededor de estas prácticas?

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Más que exclusivos: la cuestión es pertenecer

“Nadie ama a su patria por ser la más grande, la más rica o la más avanzada, sino porque es la suya”. Este dicho popular suele funcionar como un gran disparador para pensar el “sentimiento de pertenencia” que puede experimentar cualquier ser humano al pertenecer a un grupo. Ya sea que hablemos de un grupo de amistades, de trabajo, de estudio o incluso “grupos” más numerosos, como los religiosos o los ideológicos. También, por qué no, las personas que juegan videojuegos y están “casadas” con una plataforma.

La autora Leyda Mercedes Brea definió al sentimiento de pertenencia como “un sentimiento de arraigo e identificación de un individuo con un grupo o con un ambiente determinado”. Por su parte, el psicólogo humanista Abraham Maslow ubicaba en su “Teoría de la Pirámide de las Necesidades Humanas” a este mismo sentimiento de pertenencia, como la segunda necesidad humana más importante. Ser parte de un grupo otorga seguridad, bienestar, condiciona al desarrollo cognitivo pero por sobre todo ayuda a crear una identidad. Nuestra identidad. Más allá de dichos autores, en cualquier corriente teórica que busques sobre el concepto de la identidad, todas estarán de acuerdo en algo: la identidad es fundamental para el sujeto. En especial en nuestra infancia y durante la adolescencia.

Trasladando estos conceptos a nuestro tema, sentirse parte del “equipo Sony” o del “equipo Microsoft” porque toda nuestra infancia jugamos en sus plataformas, porque nuestra primera consola obsequiada o comprada fue de alguna de estas compañías, por X personaje o por el valor afectivo agregado que sea, puede haber ayudado a formar nuestra identidad como jugadores y jugadoras. Nos sentimos parte de este “gran grupo” o comunidad y podemos llegar a sentir sus logros y fracasos como propios, al menos hasta cierto grado. La idea de los exclusivos nos otorgaría un valor significativo, ya que sentimos que “nos distinguimos” del resto y que tenemos “algo especial” que no tienen. Éste hecho puede ser armonioso y sano para una comunidad, pero te imaginarás que es muy fácil pasar al otro extremo y empezar a ser dañino con otres, en las “guerras de consolas” que todavía seguimos teniendo.

Xbox Series X, la apuesta de Microsoft para competir con PlayStation 5

Irving Janis, psicólogo social, estudió el proceso de influencia que genera el pertenecer a un grupo y cómo los pensamientos de sus miembros se ven influenciados por ser parte de éste. Cuando una persona está profundamente involucrada en un grupo, es posible que sus pensamientos individuales se vean “arrollados” por los más “grupales”. Y que, por ejemplo, se pierda un poco—o mucho—de su identidad individual. O aún peor: esa persona empiece a distorsionar mucho “la realidad” por ser firme al consenso grupal.

Ésto puede ser perfectamente ubicable en cada usuarie de cualquier red social que encontremos insultando y haciendo descargos horrorosos porque otra persona simplemente hizo un comentario “negativo” sobre tal empresa o juego. Según Janis, crea un fenómeno de “presión de uniformidad” (que en el grupo “todes sean iguales”), el cual a su vez provoca una “presión sobre los disidentes”. Como resultado, cada integrante reacciona muy negativamente ante las críticas a algo referido al grupo o a la comunidad. Creo que ésta es una de las razones por la cual podemos leer tantas discusiones (o directamente injurias) en, por ejemplo, Twitter con usuaries llamades “XboxFan3432” o “PlayIsTheBest”. Así de “fácil” caemos en conductas tóxicas por las redes.

Todo lo anterior quizás calza mejor cuando pensamos en el concepto de “identidades cultivadas”, divulgado por el autor Peter Coffin. El mismo se usa, en pocas palabras, para definir a aquellas identidades que han sido conformadas exclusivamente por y para el consumo. La identidad personal se reduce a ser consumidor de una marca. O en este caso, de una empresa de videojuegos. A partir de ahí, es muy fácil caer en fanatismos ciegos. En conductas por demás dañinas para otres y en sentirse alimentade por cada “logro” de la empresa en cuestión. Ya sea por una nueva característica prometedora de la nueva consola o bien los futuros exclusivos. (Si te interesa saber más de este tema, te recomiendo leer esta traducción del ensayo de Coffin).

En conclusión

Para finalmente cerrar el presente escrito, podrías preguntarme: ¿Es el tener títulos exclusivos lo único que espero para la siguiente generación de consolas? No, para nada. Hay muchísimas cosas que podrían/deberían cambiar en la industria, las cuales tienen poco y nada que ver con tener más fichines exclusivo. Te invito a leerlas en esta nota. Seguramente me termine inclinando a comprar una PS5 antes que una nueva Xbox, por los exclusivos que la primera pareciera ofrecer. Pero si me preguntás qué considero más importante, prefiero que sigamos teniendo avances en representaciones inclusivas, prácticas más sanas y creaciones más originales. Esperemos que así sea.

PD: Quizás resulte curioso o incluso se piense como un error la omisión de Nintendo en las comparaciones de ventas (o simplemente nombrarla como un rival más de Sony y Microsoft). La razón es muy sencilla: Nintendo está más allá. Juega en su propia liga, con sus propias reglas e intereses. No importa que sus funcionalidades online siempre hayan sido y sigan siendo un desastre. Que sus precios terminen siendo los más caros o todos los problemas y desventajas en cuanto a hardware. Nintendo es una cultura aparte. Una en la cual quizás se puedan encontrar los fenómenos aquí descriptos en un nivel similar o más intenso, y que no necesita jugar a lo que proponen las otras compañías.

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Redactor. Psicólogo en proceso. Escritor de reseñas y ensayos desde hace ya unos pares de años. Me interesa mucho de lo relacionado al mundo del entretenimiento, sus culturas, fenómenos sociales y psicológicos. Si le puedo meter filosofía, mejor.

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