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Del Código Hays hacia la libertad: los rebeldes que buscan romper las reglas

Código Hays: el rey de la censura, y de cómo Hollywood renació de sus cenizas creativas.

El Código Hays fue un reglamento que estuvo presente en Hollywood de 1934 hasta 1968, creado por William H. Hays, un miembro del partido republicano. Mediante ciertas normas, este código buscaba la censura en el ámbito del cine para lograr recuperar la buena imagen que se tenía sobre Hollywood, un lugar donde el glamour debería reinar. Vale aclarar, que en los años 20 Hollywood se había convertido en un antro de fiestas, sexo ilícito, drogas, infidelidades y prostitución. Incluso hubo conocidos casos de violación como el de Virginia Rappe a manos del cómico Roscoe Arbuckle.

Como Hollywood buscaba esto de ser la meca del cine, una industria fructífera desde lo comercial más allá del arte en sí, las cosas no podían seguir de esa manera ya que alimentaba a toda la prensa a hacer de ese lugar el mismísimo infierno para todo el mundo. Habiendo entendido el cine como un negocio, el Código Hays se impone y las películas empiezan a cumplirlo a rajatabla. Los besos no podía contener signos de pasión y eran cronometrados, la tela transparente o que realce la figura de la mujer estaba prohibida, al igual que mostrar el ombligo. Había que fortificar el matrimonio como institución y las buenas costumbres.

Los grandes dinosaurios que pisaban fuerte en Hollywood estaban contentos, con sus bolsillos abultados ya que los años 50 fueron prolíferos en cuestiones económicas y el cine había vuelto a cobrar esa mirada inalcanzable de la gente, con sus grandes estrellas perfectas para la mirada ajena y un montón de mensajes morales que iban acordes con sus pensamientos y generaban sonrisas en todos los públicos. Al parecer, el Código Hays venía funcionando a la perfección y así se iba a quedar.

Psycho: la obra de arte que hizo más de lo que pensaba

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Pero llegaron los 60 y con ellos llegó Psicosis (Psycho), la obra maestra del gran Alfred Hitchcock basada en el libro de Robert Bloch, y rompió todos los esquemas. La película, más allá de ser una obra de arte en todos sus sentidos, rompía con todos los esquemas que planteaba el Código Hays de una forma sutil e inteligente, pero tenía algo en particular: a la gente le encantaba, las salas de cine se llenaban, y los alto mandos de Hollywood se empezaban a mirar entre sí con otros ojos. Aquella película que rompía con esos esquemas que habían llegado para darle otra impronta a la meca del cine, generaba dinero. Y mucho.

Las cosas empezaron a cambiar hasta que en el 68 el Código Hays fue dado de baja. Junto a él, ya en los 70s, hubo una explosión de todo aquello que era políticamente incorrecto, de todos aquellos temas y deseos que Hollywood se había privado durante tanto tiempo. El cine de terror empezó a regalar clásicos antagonistas como The Exorcist, The Texas Chain Saw Massacre o The Last House on the Left, entre tantas otras que también tuvieron su censura pero por lo violentas o explícitas que eran. De nuevo, los grandes de Hollywood entendieron que la gente estaba gustosa de recibir tanta sangre y violencia, y se volvieron a mirar.

El terror en todo su esplendor

Los 80s aparecieron con las garras afiladas. El terror era comercial, y era lo que más rentaba en los cines por ende, mucho dinero se gastaba en producción. The Shining, Child’s Play, Friday the 13th, Hellraiser, The Thing, Poltergeist, A Nightmare on Elm Street, Pet Sematary, The Howling, Return of the Living Dead, An American Werewolf in Londonno importaba su origen, si era una remake o una adaptación de una novela, si era una historia original, si era de zombies o de asesinos seriales. El terror salía como pan caliente, la gente quería ver más y más sangre, y desde lejos, con los bolsillos llenos, los gerontes de Hollywood sonreían.

Hago valer mi don de poder elegir y nunca me siento obligado a ver tal o cual cosa

Esto logró que, como con cualquier cosa exitosa, se exprima hasta el punto de romperlo y en los 90s, el cine de terror había empezado a caer. Ya el nivel de las producciones no era el mismo y si bien la gente seguía buscando ese contenido, ya estaba cansada de tanta mediocridad, porque ya no se asustaban tan fácil. Pero no importaba: Hollywood ya había entendido que su eje de producción tenía que apuntar a lo que sea más buscado, a los que más ganancia les genere. La ciencia ficción venía fuerte, y se apostó con todo a película como Terminator 2, Jurassic Park o The Matrix. Los asesino seriales más traídos a la tierra, como en Seven o The Silence of the Lambs. Películas de drama muy personales, como Forrest Gump o The Shawshank Redemption.

La expansión de los géneros y los subgéneros

Los 90s, si bien quizás no fueron productivos para el terror como género en sí, lograron abrir el espectro comercial hacia todos los otros géneros, con una intensidad mucho más consumista y, por ende, con una presión mucho mayor para las productoras de obtener buenos resultados. En este aspecto, los 90s fueron tan, pero tan exprimidos, que llegó el cambio de siglo y ya no había ideas. No había originalidad y por miedo, se buscaba rescatar historias que ya hayan sido exitosas y adaptarlas a los tiempos que corrían. Las remakes se hicieron presentas, una oleada de secuelas y precuelas innecesarias también, que terminarían dañando a los clásicos originales para aquellos que viven de la nostalgia. A los de más arriba, a los que seguían cosechando sus robles de diamantes en base al cine, no les importaba cómo. Solo quería conseguir a la gallina de los huevos de oro.

Películas basadas en comics tenemos varias como The Dark Knight, Sin City, 300 o Iron Man, por solo nombras algunas. También salieron miles de remakes, como Halloween (de Rob Zombie), The Amityville Horror, The Ring o War of the Worlds. Así se fue nutriendo una década que fue bastante dudosa. Donde si bien hubo exponentes muy buenos, al menos a mi entender, no había ya de esas películas que gustaban a todo el mundo. Había grandes blockbusters, la gente iba al cine, la gente quería ver más y más, pero se sentía el sabor a poco.

El quiebre, el ascenso de los rebeldes

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Cambió la década y la formula estaba clara: las cintas mainstream se habían alejado muchísimo de las películas independientes, que empezaban a tener su lugar en el mercado no por su producción, claro está, sino por sus temáticas, su realización, su apuesta al cine de autor. Sin embargo, la maquinaria de Hollywood ya era un dragón de metal lleno de engranajes que funcionaba a la perfección. El corazón de ese dragón se llama Disney, y puso dentro de esa máquina a sagas y franquicias como Star Wars o al MCU. La máquina escupía fuego y desde ese calor infernal salían las películas más taquilleras, como The Avengers y todo lo referido a ellos. Los prehistóricos que tienen sus butacas en las primeras filas de Hollywood ríen como autómatas, ya no saben por qué, ya que entre tanto dólar, perdieron el gusto por el cine.

El cine fue, es y será una industria y, como tal, la búsqueda se entrar en invadir y conquistar. Como en Star Wars, siempre existen los rebeldes, aquellos que intentan no ser comidos por el dragón de orejas negras gigantes y redondas y filman productos originales, frescos, que para todos son como bocanada de aire fresco. Midsommar, Hereditary, Get Out, It Follows, The Witch, Upgrade, Ex Machina, The Invitation… ejemplos de que aún hay esperanzas.

¿A dónde va todo esto?

¿Yo? Yo soy de esos capitalistas del cine que consume todo lo que tiene en frente. Porque hago valer mi don de poder elegir y nunca me siento obligado a ver tal o cual cosa, o a dejar de ver tal otra. Veo lo que tengo ganas. Me emociono con Avengers Endgame y disfruto Joker. Me estremezco con Hereditary y miro con ojos más críticos a It Follows. Agradezco por películas como Upgrade o The Invitation, y reniego por Terminator Dark Fate o por las últimas entregas del universo de los Warren. Me aburro con La La Land o con The Grand Budapest Hotel y espero ansioso Train to Busan 2 o el Snyder’s Cut. Soy cutre, y lo admito orgulloso.

Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni siquiera yo. Si tienes un sueño tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve a por ello y punto“, le decía el personaje representado por Will Smith a su hijo en The Pursuit of Happiness. Por suerte, en el cine siempre existen aquellos rebeldes dispuestos a romper las reglas. A pesar que los de arriba se sigan llenando los bolsillos de dinero. ¿Yo? Elijo tomar el cine como un entretenimiento y, sobre todo en estas épocas de pandemia, lo uso justamente, para entretenerme a mi modo, con mi mirada y mi punto de vista único y particular.

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Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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