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El concepto “remake” y todo aquello que está bien y que está mal

¿Se puede superar a la obra original realizando un remake de ésta?

Podemos hablar mucho sobre la falta de ideas en el cine, al menos en el más comercial. Hubo una época, donde las grandes productoras ya no sabían cómo hacer dinero porque se habían arriesgado con historias originales y no les había ido tan bien. Entonces necesitaba ir a lo seguro: necesitaban trabajar sobre material que llame la atención del público desde otro lugar. Y empezaron a salir las secuelas de películas consagradas, precuelas, o una remake en sí, que es el tema que nos atrapa en esta nota.

Remake como concepto: ¿cuándo cobró más fuerza?

Esta época de la que hablo comienza a partir de fines de los 90s y principio de los 2000. El cine en general tuvo una caída de calidad importante, sobre todo en lo que es el terror o la ciencia ficción. Las adaptaciones de comics empezaron a ver la luz cada vez más fuerte, como hablamos en la nota anterior, y no conformes con eso, las remakes le dieron material a muchos cineastas. El objetivo era transformar a una película exitosa del pasado en algo que se adecue a los tiempos modernos. A las nuevas generaciones que quizás no habían visto las cintas originales. Pero que al saber que estaban basadas en algo exitoso del pasado, iban a comprar desde ese lugar.

Pero las remakes no aparecen en esta época, solo se hacen más populares. Hubo casos anteriormente, que fueron películas totalmente exitosas y que eran remakes de algo aún más viejo. El mejor ejemplo de eso, y a mi gusto y entender, uno de los mejores exponentes del cine, se llama The Thing y salió en 1982. Una película dirigida por el grandioso John Carpenter. Supo ser una remake de The Thing from Another World de 1951, dirigida por Christian Nyby y Howard Hawks. Carpenter, en éste caso, aprovecha la tecnología de la época para darle forma a unos efectos especiales que aun hoy en día se ven increíbles. De esa forma, y con una narrativa mucho más oscura, le da forma a una excelente película y una excelente remake.

Casos tan buenos que deberían ser tratados en universidades

The Thing, a mi criterio, debería ser materia de universidades. Porque si hablamos de remakes, imparte la enseñanza justa de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Carpenter toma la historia, estudia su concepto, y no filma por filmar. El hombre va entendiendo la búsqueda que tenía la cinta original con sus limitaciones, y va plasmando el concepto llegando al tope de cada una de esas búsquedas. El suspenso, el clímax, el terror, todos estos aspectos están guiados por una narrativa fuerte que los une de una forma dinámica que queda moderna para aquel entonces, llamativa, algo que pocas veces se había visto. Carpenter readapta una mirada clásica a algo que, con el tiempo, se convirtió justamente en un clásico y que superó a su predecesora.

En el párrafo anterior dije que The Thing era “la enseñanza justa de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer“. Y no porque algo de lo que haga esté mal, sino que justamente, da el ejemplo haciendo todo bien.

Otra remake que podemos tomar con referencia de estudio es The Fly de 1986. Dirigida por el también grandioso David Cronenberg, padre indiscutido del body horror, tema del que quizás hablemos más adelante en otra nota. Remake de una película de 1958 de nombre homónimo y dirigida por Kurt Neumann. Si hoy vemos éste clásico de fines de los 50s, vamos a poder apreciar que la película tiene una búsqueda interesante, de cómo el personaje empieza a transformarse en mosca de a poco, conllevando todas las metáforas que eso requiere, muy similar al cuento de KafkaLa Metamorfosis“.

Cronenberg, al igual que lo hizo Carpenter, toma el concepto y se sustenta en la tecnología de la época para hacer más visual y horrorosa esta transformación. Pero sin olvidarse del desarrollo del personaje, de la influencia que va teniendo en su alrededor. Y de generar los climas necesarios para que la empatía con lo sucedido sea tan grande, que el impacto al llegar al clímax sea completamente inolvidable. De nuevo, tenemos a un director que readapta una historia a la época moderna y sabe cómo regalar algo que la gente nunca había visto, no solo en lo visual, sino en lo conceptual.

Hagamos una remake: el concepto de la búsqueda original

Y la cosa creo que viene por ese lado. Hacer una remake no es solo copiar lo que ya está hecho, ponerle actores de moda y música de la época. Hacer una remake supone readaptar algo ya hecho, traerlo a los tiempos que corren y que la adaptación de ese concepto no pierda su esencia. ¿Qué generó esa película en su momento? ¿Cómo manejaban los climas? ¿Qué quería contagiar el director? ¿Cuál era la búsqueda de la propuesta? Hay remakes que se hacen esas preguntas, más allá de la visión comercial que pueda tener, y al respetarlas, dan un producto convincente.

Aquellos que hicieron las cosas bien

En este contexto, podemos mencionar otros exponentes como Dawn of the Dead (2004) de Zack Snyder. Es una remake muy buena y una gran cinta de terror, basada en la también homónima cinta de zombies de George A. Romero. Night of the Living Dead (1990) de Tom Savini es una genialidad adaptada del clásico de Romero de 1968 del mismo nombre. En éste caso, si bien Savini respeta muchísimo a la cinta original, hace algunos cambios puntuales a los tiempos que corren, dejando de lado conceptos fuertes del racismo que tenía la cinta original, para darle preponderancia al rol de la mujer en la sociedad. Tema que en los 90s ya se empezaba a ver de forma más contundente en el cine.

Cape Fear de 1991, más conocida como Cabo de Miedo, protagonizada por Robert De Niro y dirigida por Martin Scorsese es otro gran ejemplo de cómo entender a una película de 1962 y convertirla en algo moderno, más impactante y mejor en varios aspectos. The Hills Have Eyes de Alexandre Aja en 2006 es otra gran adaptación del clásico de Wes Craven. Así como The Texas Chainsaw Massacre de 2003 y dirigida por Marcus Nispel es otra gran adaptación de la cinta de 1974 dirigida por Tobe Hooper.

No seguir las reglas en una remake, si es que las hay

Pero también hay casos, y cada vez son más desgraciadamente, donde esas preguntas que mencioné anteriormente, y el concepto real de una remake se pierden completamente, cuando a la empresa le importa más la recaudación a toda costa que hacer una buena película que recaude por su calidad, y no solo por ser una remake de un título ya conocido. Y a no confundir: no soy un idealista que hace éste planteo desde el odio al capitalismo reforzando el amor al arte como único medio. Entiendo que una empresa se forja para generar ingresos, y que la industria del cine funciona así. Los productores quieren que las películas generen ganancias para así recuperar la inversión. Los directores y actores quieren cobrar sus sueldos, y así se le va dando forma a una maquinaría donde el éxito económico de la película importa, y mucho.

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Pero si creo que éste no tiene que descartar la búsqueda de que, así y todo, la calidad no sea dejada de lado. Y con calidad no me refiero sólo a lo técnico, sino al concepto y al alma de la película original, a la esencia de esa cinta que va a ser readaptada.

Aquellos que no hicieron las cosas bien

Por eso hay película que son el claro ejemplo de lo que no hay que hacer. Y lo primero que se me viene a la cabeza es Quarantine de 2008, dirigida por John Erick Dowdle. Es una remake de la española REC de 2007 dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza. Quarantine aprovechó la poca llegada de cine español a los EE.UU. en ese momento y replicó la cinta escena por escena, sin ningún condimento que la haga única. En este caso, y queda a la vista, lo único que buscaban era el éxito de una fórmula que había funcionado a la perfección. Pero que en el caso de esta remake fue vacía, sin alma. Un robo a mano armada no solo a la cinta original, sino al público en general. Un ejemplo claro de lo que no hay que hacer.

En éste mundo de cosas que están mal, también podemos nombrar a The Hauting de 1999, dirigida por Jan de Bont, que sabe ser una mala remake de la cinta homónima de 1963. En éste caso, la cinta original tenía un suspenso bastante clave en toda la trama. Una ambientación casi gótica, un muy buen trabajo con la oscuridad y con los personajes. La remake de fines de los 90s intenta traer esta concepción del miedo de los años 60s sin darle una vuelta de tuerca, en una época donde el terror era diferente, mucho más expresivo y visual. Básicamente, lo que hace mal la cinta de Jan de Bont es no saber adaptarla a los tiempos que corrían en aquel entonces, entregando una cinta sosa, que desperdicia buenos actores, y que se pierde en una búsqueda que no llega a ningún lugar, solo queriendo mostrar efectos especiales que no contaban nada.

Va quedando claro cuál debería ser la búsqueda de una remake, a pesar de su impronta comercial. Y puedo seguir nombrando ejemplo de lo que está mal en el mundo de las remakes. Cintas como Total Recall de 2012. Adaptación del director Len Wiseman del clásico de ciencia ficción de 1990 dirigido Paul Verhoeven y protagonizado por Arnold Schwarzenegger. O The Omen, dirigida por John Moore en 2006, intentando adaptar a los tiempos modernos a la cinta original de 1976 de Richard Donner, sin éxito. Por último, la adaptación de otro clásico de los 80s, que es símbolo de todo lo que no hay que hacer: A Nightmare on Elm Street de 2010. Dirigida por Samuel Bayer, que hizo lo que nunca hay que hacer: cambiar la personalidad y la impronta de un ícono tan clásico como Freddy Krueger. Una falta de respeto, en todo sentido, para el gran Wes Craven.

Opinión personal. Destacando la parte de lo “personal”

Ejemplos, desgraciadamente, hay muchos más en la parte de “lo que no hay que hacer”, que en la parte de “lo que hay que hacer”. Y el tema da para hablar mucho más. Particularmente, en esta nota intenté que se entienda la necesidad de hacer una remake. La búsqueda que pueden tener los productores para hacerla, y cómo se puede plantear la película, exponiendo varios ejemplos de remakes “malas” y “buenas” para darle más sustento a mi punto de vista.

Lógicamente, el arte es una cuestión de gustos y los ejemplos que estuve mencionando fueron, justamente, basados en mis gustos personales. Donde, vale destacar, lo de A Nightmare on Elm Street lo sentí como hasta algo personal. La cinta original de 1984 es mi película de terror preferida y motivo por el cual hoy amo el cine.

Una columna de opinión con una mirada subjetiva“, me dijeron las autoridades de este gran sitio. Y me lo tomé muy a pecho.

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Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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